14 agosto 2008

*Predicación 3/08/'08 “¿Cómo vencer la tentación?

Dice la palabra: “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica”
1 Corintios 10:23.
Hace unos días, platicando con un amigo me comentaba que se sentía muy mal por algo que había hecho, que Él sabía que no debería hacer, pero lo hizo porque fue seducido por un deseo de pertenencia, que sé yo. Literalmente ésta persona cayó en una tentación.

La tentación es todo aquello que nos quiere apartar o distraer de una meta en particular. Para algunos, son todas aquellas cosas que no sé nos son “permitidas”. Nuestra vida como Hijos de Dios está llena de estas “distracciones” que nos quieren alejar de nuestro objetivo: Una vida eterna con Cristo. La clave está en 1 Corintios 6:12, Todas las cosas me son lícitas, más no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, más yo no me dejaré dominar de ninguna.

La tentación ha estado presente desde el inicio de los tiempos en la vida del ser humano, “Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de el comieres, ciertamente morirás” Génesis 2:9, 16,17.

No estamos solos en éste mundo, desde el principio de la creación el ser humano se ha visto rodeado de elementos que lo acompañan. Entre estos se encontraba la tentación y el tentador. ¿Qué debemos hacer entonces para no caer en la tentación o para liberarnos de la tentación? La respuesta es fácil, sería vivir alejados de todo lo que nos pueda causar tentación, pero ésta es una salida fácil que no nos beneficia en lo absoluto, ya que nos perdemos de muchas cosas y negamos el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo.

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gracia de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” Romanos 5:1-6. Y la paciencia y el amor de Dios son frutos del espíritu.

Pues si fuera así de sencillo, y ese fuera el plan de nuestra salvación, Dios mismo nos encerraría en una burbuja, y nos mantendría “libres” de la tentación y no hubiera mandado a su Hijo a morir por nosotros, y aún así, por nuestra misma naturaleza, estaríamos tentados a escapar de esa burbuja, porqué hasta allá iría el tentador. Pero Dios quiere que veamos como es ésta vida y para qué anhelamos la vida futura, por convicción. Tampoco debemos huir de la tentación... aún el Señor Jesús fue tentado en el desierto, y estaba sólo y la enfrentó, porque es más gratificante según la promesa: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman”. Santiago 1:12 y no sólo una vez, sino tres veces.

El Señor conoce nuestra vida, desde antes de nacer y él ve nuestro camino, y conoce lo que hay en nuestro corazón, nuestras fortalezas y nuestras debilidades, y sabe que es lo que vamos a hacer, Él sabe todo de antemano, ¿Pero por qué permite que seamos tentados? “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” Santiago 1:13-15

Dios nos ha dado infinidad de dones, entre ellos el del libre albedrío. El Señor confía en nosotros y confía en que hagamos frente a la tentación y no caigamos en ella, ese también es un regalo. También nos ha dado de su gracia, para que cuando caigamos en la tentación podamos salir de ella. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” 1 Corintios 10:13.

¿Que debemos hacer una vez que hemos caído en la tentación?:

Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Isaías 1:18.

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” Hebreos 2:18, Hebreos 4:15-16.

¿Qué debemos hacer para vencer la tentación?

“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” Mateo 26:41

“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernantes de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” Efesios 6:10-18

(Escrito: Misael © SdeC Comunidad Cristiana Interdenominacional, Imagen cortesía de ©Corbis)

*Predicación 27/07/'08 “La sabiduría y la tentación”

Génesis Capítulo 3: En las escrituras bíblicas pódenos leer en el Génesis que la serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Dios el Señor había hecho, así que le preguntó a la mujer: ¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín? Podemos comer del fruto de todos los árboles –respondió la mujer- Pero, en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: “No coman de ese árbol, ni lo toquen; de lo contrario, morirán”. Pero la serpiente le dijo a la mujer: -¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal. La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió.

En ésta historia encontramos una parte muy interesante, la de “Era deseable para adquirir sabiduría” la Biblia es clara cuando dice en Santiago 1:5 y 3:17 acerca de la sabiduría, pero se encuentra centrada en medio de la tentación.

Tenemos dos clases de sabiduría: la sabiduría humana y la sabiduría de Dios…

La humana conoce que hay que hacer en éste mundo, como actuar en la calle, como actuar en el trabajo y como sacar ganancia de lo que sabemos hacer. La sabiduría de Dios es la que nos muestra Santiago en 3:17.

Continúa el relato de Génesis 3:7-9: En ese momento se les abrieron los ojos, y tomaron conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entretejieron hojas de higuera. Cuando el día comenzó a refrescar, oyeron el hombre y la mujer que Dios andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera. Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: ¿Dónde estás?

Existen debates teológicos en quien está hablando en ésta parte y como lo está haciendo. Pero no entraremos en profundidad, sólo aclararemos que el hombre se ha dado cuenta por medio de su sabiduría que ha traicionado a Dios y ahora su falta está expuesta, representada aquí con su desnudez… ahora bien si ya habían hecho ropas para cubrirse… ¿Porque se escondieron, porque no salir al frente de Dios como un Oscar de la Renta o un Versace, porque se sintieron que aún estaban desnudo? Porque en ellos existía una conexión, con la sabiduría del fruto entienden que Dios ve más allá, que no importa la ropa que uses o como te presentes ante el mundo o en la calle o en el trabajo; delante de los ojos de Dios somos expuestos delante de Él y nos ve tal y como somos. Nuestra desnudez es evidente para Él y nos ve como realmente somos.

Génesis 10 y 11 El hombre contestó: -Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí. ¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? Le preguntó Dios. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que yo te prohibí comer?

¿Dónde estás? Creo yo que Dios no necesita que le digamos donde estamos físicamente, no creo que Dios nos busque físicamente sino espiritualmente y moralmente. Que nuestra mente sepa en que lugar estamos es la pregunta que debemos contestar. ¿Adán dónde estás? ¿Quién te lo ha dicho? ¿Cómo has adquirido ese conocimiento? ¿Acaso me desobedeciste? Dios sabe las respuestas de esas preguntas y ahora está confrontando al hombre con sus acciones. Quiere que reconozca que ha fallado. Quiere ver si algo de su sabiduría está en el hombre.

G.12
Él respondió: -La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí.

¿Qué pasa cuando no queremos enfrentar nuestras acciones?

Pues bien fácil, le echamos la culpa a alguien más. Y es naturaleza humana. En nuestra sabiduría humana es más fácil salir de una situación mala que arreglarla porque enfrentar alguna situación, sobre todo cuando yo soy el que he fallado, es muy difícil, requiere una madurez que en ocasiones no tengo y una sabiduría que tampoco tengo.

G.13 Entonces Dios el Señor le preguntó a la mujer: - ¿Qué es lo que has hecho? – La serpiente me engaño y comí- contestó ella.

El punto de éste mensaje sobre buscar sabiduría, es que la podemos encontrar a través de un lugar inesperado, al menos por nosotros.

Santiago 3:17 dice que la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera, o sea es amor. En el amor encontramos las mejores decisiones pues proceden de un corazón que no busca un bien propio y que es imparcial. Al final de éste pasaje vemos como Dios ve nuestra sabiduría y sabiendo que no es suficiente nos cubre con su sabiduría.

G.14 Dios es el Señor hizo ropa de pieles para el hombre y su mujer, y los vistió.

Dios está dispuesto a recubrirnos con sabiduría que viene del cielo. Él en amor nos puede cubrir, da a nuestro entendimiento una nueva ropa. Cobijémonos y arropémonos en la sabiduría del Señor. Seamos renovados con la renovación de nuestras mentes Romanos 1:2

Busquemos pues la sabiduría que viene del cielo. Si comparamos el capítulo 3 de Génesis con el libro de Santiago podremos encontrar muchas respuestas de porque actuamos como actuamos y como podemos mejorar y corregir lo que hacemos para agradar a Dios, que es a final de cuentas lo que estamos buscando como Seguidores de Cristo.

(Escrito: Trock © SdeC Comunidad Cristiana Interdenominacional, Imagen cortesía de ©Corbis)

*Predicación 20/07/'08 “UN EJÉRCITO ESPECIAL”


“Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva de Adulam; y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a él. Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado,y todos los que se hallaban en amargura de espíritu,y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres.”1 Samuel 22:1,2

David fue el segundo rey de Israel. Formó su carácter durante años cuidando ovejas, librándolas de las garras de osos y los leones, escribiendo y entonando cantos de alabanza a Dios. Y fue allí, siendo miembro del anonimato, que un día Dios decidió ungirlo para ser el próximo rey de Israel, sucediendo a Saúl.

Saúl fue, además de su rey, su suegro, ya que él prometió dar a su hija al que venciere al gigante Goliat, y David logró matarlo con su honda y su piedra de río (1 Samuel 17). De ésta manera David llegó rápido a la casa real.

No tardó para que Saúl comenzara a sentir celos por él, pues su fama iba creciendo entre el pueblo que lo ovacionaba: “Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles” (1 Samuel 18:7), y su enojo creció tanto, que en repetidas ocasiones le arrojó lanzas para acabar con él. Llegó la tensión a tal punto que David tuvo que salir huyendo del palacio para proteger su vida. Vagó por varias provincias hasta que llegó a una cueva, la cueva de Adulam. Y ahí es donde tiene lugar el versículo con el que iniciamos la historia.

Adulam, según los teólogos, fue una de las ciudades reales de Canaán, que después fue integrada a la tribú de Judá (Josué 12:15; 15:35). Esta ciudad fue reedificada por Roboam (2 Crónicas 11:7). Hay en la actualidad una cueva muy grande en «Wadi Khureitun», en la zona oriental de Judá, donde tradicionalmente se le relaciona con la cueva de Adulam.

Ésta cueva fue para David su cuartel general donde formó su primer ejército con hombres con características muy singulares. ¿Eran acaso los más valientes de la región, los más adiestrados y experimentados en la guerra? ¿Tenían en sus repisas trofeos por haber triunfado en guerras anteriores? No, todo lo contrario. Además de temerosos, eran hombres afligidos, endeudados y amargados.

Pero, ¿qué vio David en ellos para tomarlos como ejército, y qué vieron ellos en este fugitivo para aceptarlo como líder? En la situación en que se encontraba David, ¿era capaz de inspirarlos para salir del hoyo en que se encontraban y animarlos a luchar la guerra más grande que era contra sus propios temores?

Estando en esa cueva, David abrió su corazón y expresó su aflicción componiendo el Salmo 57:

“Mi vida está entre leones; Estoy echado entre hijos de hombres que vomitan llamas;Sus dientes son lanzas y saetas,Y su lengua espada aguda. Red han armado a mis pasos; Se ha abatido mi alma; Hoyo han cavado delante de mí; En medio de él han caído ellos mismos.” (versículos 4 y 6)

Era evidente que su alma estaba en angustia por los que lo perseguían, sabía que su vida corría peligro por las lanzas, saetas y espadas. Pero a pesar de todo y que la tempestad se levantaba amenazante, sabía que el Maestro estaba cerca, y había esperanza en su corazón:

“Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que me favorece. El enviará desde los cielos, y me salvará De la infamia del que me acosa; Dios enviará su misericordia y su verdad. Te alabaré entre los pueblos, oh Señor; Cantaré de ti entre las naciones. Porque grande es hasta los cielos tu misericordia,Y hasta las nubes tu verdad.”(versículos 2,3,9,10)

Seguramente fue esa fe y esa confianza en Dios la que logró que aquellos hombres necesitados quisieran seguirlo y luchar por su causa. Querían experimentar ese mismo amor por Dios y la confianza de que Él los protegería.

Así que llegó el momento en que Dios los desafía y los manda a pelear contra los filisteos. El ejército temeroso vacila y le pregunta a Dios si realmente quiere que peleen contra ellos. El Señor les repite la instrucción de luchar contra el enemigo, prometiéndoles que Él les daría la victoria entregando en sus manos a los filisteos. Con todo y sus temores, obedecieron y la victoria fue grande, derrotando por completo al ejército enemigo. ¡Wow! ¡Cuántas victorias pueden suceder cuando confiamos en la promesa de Dios!

Esta historia nos deja una gran enseñanza para nosotros porque lo podemos aplicar perfectamente en nuestras vidas, pues como aquellos hombres, muchos de nosotros también hemos venido al Señor en medio de una gran necesidad y hemos encontrado un refugio en su presencia.

Esta iglesia, como muchas otras, simula aquella cueva de Adulam donde llegan hombres necesitados buscando la solución a sus problemas. Seguramente nosotros llegamos aquí con historias desagradables, tristes, llegamos con aflicción, con deudas (morales), amargados, deprimidos. ¿Cuántos fueron corridos de sus familias, amigos e iglesias? ¿Cuántas historias conocemos de otros amigos en ésta misma condición, que fueron heridos, defraudados, juzgados, condenados? Tal vez pensábamos que no había remedio para ésta situación y que Dios ya nos había desechado, hasta que nos encontramos con este refugio y recibimos sanidad a nuestra herida.

Cristo vino a “vendar a los quebrantados de corazón, a proclamar libertad a los cautivos y libertad a los prisioneros, a confortar a los dolientes, a dar una corona en vez de cenizas, aceite de gozo en vez de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado” (Isaías 61:1-3). Es éste mensaje el que ha traído sanidad a nuestra alma y consuelo en medio de la aflicción. No importa que tengamos temores, que otros no crean en nuestro potencial, que se nos subestime y condene… Ahí radica precisamente el milagro de Dios, que de la nada forma lo que es.

Dice la Biblia que “lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es” (1 Corintios 1:27,28). Así que no importa cuál sea nuestro pasado, nuestra historia, nuestro dolor o amargura, el Señor puede y quiere levantar un ejército especial que luche por la causa del Evangelio y arrebate al diablo las almas que tiene en sus manos.

Cuando el Señor nos manda que peleemos, debemos hacerlo confiando en que no será con nuestra fuerza, sino con su fuerza y en el nombre del Señor de los Ejércitos (1 Samuel 17:45), por lo tanto, debemos estar tranquilos que mayor es el que está en nosotros, que el que está en el mundo (1 Juan 4:4). Y si él está con nosotros, ¿quién podrá estar contra nosotros? (Romanos 8:31) ¡Qué alegría! ¡Dios nos defiende como poderoso gigante! (Jeremías 20:11). ¡Somos más que vencedores en su Nombre! (Romanos 8:37).

Está en nuestras manos tomar la decisión de formar parte de éste ejército especial y luchar contra el ejército enemigo y ayudar a establecer el reino de Dios en la vida de aquellos que no lo conocen, dándoles las buenas nuevas de paz, de salvación, de redención.

No será fácil, habrá luchas que enfrentar pero el Señor ya prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28:20). Seguramente habrá caídas, pero lo importante no es jamás caer, sino seguir en pie de guerra, luchando con la espada en la mano.

Vale la pena esforzarse. Vale la pena ser parte de éste ejército especial. Vale la pena seguir a Jesús y luchar por Él.

(Escrito: David © SdeC Comunidad Cristiana Interdenominacional, Imagen cortesía de ©Corbis)

07 agosto 2008

*Predicación 20/07/'08 “Desde el Jardín”

La vida crece y se renueva cada día, hace años leí un libro llamado “Desde el Jardín” en el se narraba la historia de un jardinero, tardo mentalmente, que por azares del destino se ve involucrado en un ambiente de poder al cual no pertenecía, es por ésta misma secuencia de enredos que se le pregunta sobre las podas presupuestales a lo que él responde “las podas son buenas, pues dan forma al árbol y estimulan su crecimiento”.

Dios en su inmenso poder nos dio forma, a su imagen y semejanza y dispuso todo un sinfín de seres vivos, y cosas para que los domináramos e hiciésemos buen uso de ellos. Pero su obra no concluyó ahí. Él nos sigue podando y dando forma día tras día, nos poda, nos fortalece, nos deshierba, nos abona, nos riega, nos trasplanta, etc. Algunas de estas cosas podrían parecer agresivas, pero cuando vemos un hermoso jardín lo que vemos además de la belleza de las plantas es el cuidado que el jardinero ha dedicado, el fruto de el esfuerzo y todas las labores antes descritas son necesarias.

Un árbol que no produce es desterrado del huerto para dejar a otras plantas nuevas que crezcan y den flor y fruto. El árbol que ya murió es derribado y eliminado junto con la hierba seca, que sirvió y adornó el jardín, pero que ya no cumple esa función, lo viejo a pasado y hay que dar paso a lo nuevo, eso no quiere decir que no sirvió. Lo hizo y mucho, éste jardín que vemos hoy se formó y creció gracias a las primeras plantas que vencieron la maleza, por las que fue aflojada la tierra, sus hojas secas abonan suelo, sus ramas alguna vez fueron el descanso de aves, sus troncos casa de animales y sus raíces oxigenaron el suelo que hoy es más fértil, gracias a eso, pero sobre todo a la sabiduría y a la intención del jardinero que las plantó allí.

El jardinero fue quien trasplantó aquellas plantas que no podían florecer en la ciudad de Egipto, que era el pueblo de Israel, el cuál fue trasplantado a la tierra prometida, y quien trasplantó a Adán y a Eva de el jardín del Edén a la tierra, quien trasplantó a Elías, de Israel a Sarepta y todos los apóstoles que dejaron sus familias, sus casas, su tierra y se fueron a los lugares lejanos que Dios les había encomendado. Pero no sólo fueron trasplantados, también fueron regados, alimentados, abonados en su espíritu y no paró es eso porque si ustedes recuerdan algún aspecto de su vida, la historia generalmente no termina como Blanca Nieves. Y vivieron felices para siempre, pues no pasa así.

Por eso el que basa sus expectativas a futuro en cuentos de hadas, está destinado a desilusionarse mucho. Pero si basamos nuestra vida en Dios y la Biblia, esto nos habla de cómo es la vida con Dios y nos damos cuenta de que en está vida no hay finales felices, sólo reales, humanos y en lo humano nada es perfecto, por eso esa recomendación, no se amolden a ésta vida, todo en ésta vida es pasajero. Si tú basas tu seguridad en las cosas que ahora tienes, si tú basas tu felicidad en lo que has adquirido, te informó que te prepares para sufrir y mucho. Lo único eterno que tenemos es Dios.

Si yo me vuelvo la rama leñosa o pesada, el viento me tumbará, no importa cuanto fruto haya dado, no importa cuan verde haya sido, no importa cuantas flores bellas hayan adornado el jardín, si se vuelve rígida, inflexible, pesada, se caerá, el viento la tumbará y causará daño al árbol en su caída claro está, pero el árbol se recuperará y la herida sanará. No nos sintamos mal, a todas las plantas les pasa y eso les da su forma característica y lo verde, lo nuevo prevalecerá. Nosotros como árboles podemos caer, al caer y pensar que las cosas deben de ser como nosotros creemos y entendemos que son.

Dios vino a dar sabiduría donde menos se creía para que los sabios se bajaran de su pedestal. Para que no nos vanagloriemos, para que el poder y el control se lo diéramos a Él. Porque todo fué hecho por Él y para Él. Dios no te tomó a tí para que el mundo fuera y pensará como tú, ese trabajo, ese ejemplo está en Cristo, porque él es el barón perfecto.

Las palmeras son elásticas y difícilmente un huracán las tumba, se pueden ladear hasta el suelo y vuelven a recuperar su posición, cuando un árbol es joven es muy flexible y así aunque es pequeño puede resistir los embates de un fuerte viento. Dios no nos pide que nos dejemos arrastrar por el viento, si se dan cuenta estas plantas están fijas al suelo, lo que se mueve es su tronco y sus ramas, pierden algunas hojas pero el árbol sigue y está vivo porque está aferrado al suelo. El secreto de la eterna juventud no está en la apariencia, en la corteza, esa cumple otra función, la juventud se ve en lo flexibles que podemos ser, en lo rápido que nos recuperemos.

Pero no nos desviemos, las podas nos duelen, nos cambian, nos hacen fuertes, Dios podó a todos estos personajes que conocemos, podó a Ruth quitándole los hijos y le dio nueva vida, podó a Job y renació, podó a Josué, y todos se dolieron de sus heridas, pero estas mismas dolorosas heridas los volvieron los hermosos árboles, rosales, etc. en que se convirtieron. No porque se quedaron doliéndose de ellas, sino porque se recuperaron.

Es triste perder algo que amábamos y es más que seguimos amando a pesar de no tenerlo, pero debemos estar confiados en que esa pérdida cumple un propósito más elevado y esa rama y esa hoja a la que añoramos, cumplió su misión, su propósito en éste tiempo, en ésta vida lo único constante es que todo cambia. Y no podemos ni debemos sucumbir a las pérdidas, podemos llorar, lamentarnos, pero debemos recuperarnos y seguir viviendo, es verdad nunca volveremos a ser los mismos y esa es la razón de la poda, allí estriba su milagro, el motivo, la causa. ¿Para qué querría alguien podar un árbol esperando que tenga la misma forma que tenía antes de ser podado? Se poda para que adquiera cierta forma, ciertas características, se espera que dé mejores frutos, se espera que sea más fuerte, se espera que tenga una mejor forma, para quitarle una plaga o enfermedad.

Créanme… a mí me cuesta decir que debemos regocijarnos en la voluntad de Dios y más cuando ésta voluntad me está quitando algo que amo, nos revelamos y decimos ¿Porqué a mí?, ¿Porqué yo? ¿Porqué ahora que todo iba tan bien? y ¿Porqué no? ¿Quiénes somos nosotros? Nos hemos acomodado tanto a este mundo, nos gusta tanto, que nos creemos el centro sobre el cual gira la voluntad de Dios. Y nos da vergüenza, nos escondemos, nos amargamos, quedamos resentidos, ¿Contra quién? ¿Contra el de al lado? ¿Contra lo que perdimos? ¿Contra Dios?, pues contra quién debemos estar resentidos es contra nuestro olvido. No se trata de nosotros, se trata de Dios, no nos acostumbremos a este mundo, todo pasará sólo Dios es eterno y solo Jesús salva.

(Escrito: Gerardo © SdeC Comunidad Cristiana Interdenominacional, Imagen cortesía de ©Corbis)

*Predicación 27/07/'08 “Venciendo la guerra espiritual”

Jesús Y Beelzebú (Mateo 12:22-29) Un día le llevaron un endemoniado que estaba ciego y mudo, y Jesús lo sanó de modo que pudo ver y hablar. Toda la gente se quedó asombrada y decía: ¿No será éste el hijo de David? Pero al oírlo los fariseos, dijeron “Éste no expulsa a los demonios sino por medio de Beelzebú, príncipe de los demonios, Jesús conocía sus pensamientos, y les dijo: “Todo reino dividido contra sí mismo quedará asolado, y toda ciudad o familia dividida contra sí misma no se mantendrá de pie” Si Satanás expulsa a Satanás, está dividido contra sí mismo, ¿Cómo puede entonces, mantenerse en pie su reino? ¿Ahora bien, si yo expulso a los demonios por medio de Beelzebú, los seguidores de ustedes por medio de quien los expulsan? Por eso ellos mismos los juzgarán a ustedes. En cambio si expulso a los demonios por medio del Espíritu de Dios, esto significa que el reino de Dios a llegado a ustedes. ¿O cómo puede entrar alguien en la casa de un hombre fuerte y arrebatarle sus bienes, a menos que primero lo ate? Solo entonces podrá robar su casa.

Todo reino dividido esta perdido, tarde o temprano caerá. La división causa enemistad, pérdida, derrota, debilidad, nos expone al enemigo.

Satanás nos ata para poder robarnos lo que Dios por su gracia nos ha dado, el pecado no confesado nos ata, la incredulidad a la palabra de Dios nos ata, el caer en la tentación nos ata, el orgullo y la vanagloria nos ata, la rebeldía nos ata, la desobediencia nos ata.

Su enemigo del Diablo (1 Pedro 5:8-9) Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quien devorar. Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos.

Características del Diablo (adversario o enemigo, acusador, engañador, mentiroso, tentador, maligno, ladrón, asesino de almas)

Parábola del sembrador (Mateo 13:18-23) Escuchen lo que significa la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la palabra acera del reino y no la entiende, viene el maligno y arrebata lo que se sembró en su corazón, esta es la semilla sembrada junto al camino. El que recibió la semilla que cayó en terreno pedregoso es el que oye la palabra e inmediatamente la recibe con alegría, Pero como no tiene raíz, dura poco tiempo. Cuando surgen problemas o persecución a causa de la palabra, en seguida se aparta de ella. El que recibió la semilla que cayó entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de esta vida y el engaño de las riquezas lo ahogan, de modo de que ésta no llega a dar fruto. Pero el que recibió la semilla, que cayó en buen terreno es el que oye la palabra y la entiende,. Esta sí produce una cosecha al treinta, al sesenta y al ciento por uno.

Jesús sana a una mujer encorvada (Lucas 13:10-16) Un sábado Jesús estaba enseñando en una de las sinagogas y estaba allí una mujer que por causa de un demonio llevaba dieciocho años enferma. Andaba encorvada y de ningún modo podía enderezarse. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer quedas libre de tu enfermedad. Al mismo tiempo, puso las manos sobre ella, y al instante la mujer se enderezó y empezó a alabar a Dios. Sin embargo a esta mujer, que es hija de Abraham, y a quien Satanás tenía atada durante dieciocho largos años.

La armadura de Dios (Efesios 6:10-18) Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor. Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del Diablo Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza. Manténganse firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad, protegidos por la coraza de justicia, y calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz. Además de todo esto, tomen el escudo de la fe, con el cual pueden apagar todas las flechas encendidas del maligno. Tomen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos.

Dios nos ha dado armas espirituales para defendernos y protegernos de Satanás

  • El cinturón de la verdad, (Nos protege de la mentira del Diablo)
  • La coraza de justicia (Nos protege nuestro corazón por la salvación)
  • El calzado del evangelio (El predicar el evangelio nos fortalece)
  • El escudo de la fe (Nos guarda de la incredulidad o duda)
  • El casco de la salvación (Nos protege nuestra mente de la condenación)

Y para atacar y vencer a Satanás nos dio

  • La espada del Espíritu que es la palabra de Dios (Por medio de la lectura, la meditación, el conocimiento de su palabra podemos derrotar a nuestro adversario.


Recuerda que Jesús ya venció a Satanás en la cruz, al resucitar al tercer día nos dio la victoria. Y Satanás ya no tiene parte ni suerte con la iglesia de Dios, porque nuestra fe nos da la victoria.

(Escrito: Pedro © SdeC Comunidad Cristiana Interdenominacional, Imagen cortesía de ©Corbis)

03 julio 2008

*Predicación 29/06/'08 El milagro de la Vida y de la Muerte”

primero leamos en: 1 Juan 3: 11-24 Éste es el mensaje que han oído desde el principio: que nos amemos los unos a los otros. No seamos como Caín que, por ser del maligno, asesinó a su hermano. ¿Y por qué lo hizo? Porqué sus propias obras eran malas, y las de su hermano justas. Hermanos, no se extrañen si el mundo los odia. Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte. Todo el que odia a su hermano es un asesino, y ustedes saben que en ningún asesino permanece la vida eterna. En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros… Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad. En esto sabremos que somos de la verdad, y nos sentiremos seguros delante de él: que aunque nuestro corazón nos condene, Dios es más grande que nuestro corazón y lo sabe todo. Queridos hermanos, si el corazón no nos condena, tenemos confianza delante de Dios, y recibimos todo lo que le pedimos porque obedecemos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos los unos a los otros, pues así lo ha dispuesto. El que obedece sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él. ¿Cómo sabemos que él permanece en nosotros? Por el Espíritu que nos dio.


En toda ocasión que se predica sobre el amor, es muy acertada la forma en que se destaca el hecho de que amar es un mandamiento. Quien no ama no conoce ni tiene conciencia de quien es Dios, aún peor, quien no practica el amor es partícipe de lo opuesto al amor y a Dios. He incluso es muy posible que quien no sabe amar no sea hijo de Dios, ni heredero de su reino. (esa es otra predicación)

Ahora deseo destacar sólo al amor, y los beneficios a corto y largo plazo que éste nos brinda, como fue el claro ejemplo en la vida de Pedro.
Éste hermano nuestro que recientemente nos dejó, sabía mucho de ese tema, y no precisamente porque lo predicara con palabras, sino que mejor aún, lo demostraba lo mejor que le fué posible hacerlo, ciertamente el practicó el amor en su forma muy particular. Sintamos parte de eso, ya que ese amor fué recíproco, no sólo porque él se dejaba amar, sino porque el amor que pudimos compartir con él, es fruto de un don divino que todos los hijos e hijas de Dios debemos conocer y practicar, no sólo de palabra sino de una forma que resulta ser espontánea, voluntaria y libre según el Espíritu Santo les dé a entender a cada quien.

Todos los hijos de Dios tienen la capacidad de demostrar amor, cada uno en su muy particular forma, pero esencialmente debe ser justo, equitativo para todos (as) y… por supuesto, de Dios. Imagino que a casi todos aquí, la partida de Pedro nos dio mucho por reflexionar, nos pudo colocar en pruebas, nos ha estado calando como seres humanos sensibles a las pérdidas, a algunos incluso los puso en estado de shock, otros aún no lo creen. En fin, que en todo Dios está presente siempre y también en estos casos hay mucha enseñanza.

Esencialmente el dolor está latente porque dejaremos de ver a nuestro hermano por un tiempo, salen las lágrimas al luchar con la idea de no aceptar que la vida terrenal es finita, somos mortales y el deseo de vivir y la forma que tenemos de aferrarnos a ésta vida es altamente poderosa e incluso instintiva.
Dicen que “
una muerte es una tragedia, un millón de muertos es solo una estadística" por eso en nuestra tragedia tan cercana a nosotros podemos hundirnos en la depresión y la incomprensión. No encontrarás forma de explicar las pérdidas más que en la misma palabra de Dios. Resulta más fácil de explicar de manera espiritual, ya que la Biblia nos deja muy claro que la muerte es un paso al futuro, es un paso a la vida.

No deja de conmoverme todo lo que presencié, en Pedro mismo, en su familia y en la iglesia. En un sueño Dios me decía por medio de una predicación “que Pedro no sentía más dolor, y que la pérdida de Pedro es definitivamente una gran herida en el corazón de nuestra iglesia, y una herida en lo personal, más sin embargo Dios me hizo saber también que esa herida es del tipo de heridas que sanan por si solas”. Tanta palabra de Dios en nosotros dará su fruto y nos traerá consuelo.

Semanas antes, orábamos mucho por sanidad para Pedro, pero… no siempre los milagros llegan exactamente como uno los pensaba, o incluso como uno los “planeaba” ya que la vida o la muerte no son plan nuestro.
Nosotros pedíamos humillados para que él sanará, y así sería, porque teníamos una fe muy alta, muy puesta en lo alto, muy justa…
No, la cosa es que los designios de Jehová son inescrutables, inciertos, insospechados, y debemos ser justos y sabios para aceptar su voluntad.

Yo si creo que pasó un milagro en él, y de sanidad. Además también en nosotros… ya que Dios trae sanidad en todos los aspectos. Ésta sanidad está sucediendo, llegando por todos lados. En él llegó la sanidad y la vida eterna, él se fue para trascender a otro bello lugar, donde no hay dolor ni llanto, donde todo lo abastece Dios sin el menor esfuerzo... Nosotros estamos siendo sanados de nuestra herida también, con la misma sabiduría que nos hace entender el evangelio de Jesucristo. La familia de Pedro despertó hoy y lo hará mañana también, han sobrevivido y tendrán que hacerlo, porque el milagro continúa.

Aceptémoslo, lo inevitable ocurrió, lo que le pasó y le pasará a todo ser humano simplemente es también parte del milagro de la vida y de la muerte humana. Lo bello de este milagro, en el caso de Pedro y en el caso de muchos seguidores de Cristo… es que la vida continúa.

- No digamos adiós, sino hasta luego.
- Aunque hoy lloramos por esa herida, sabemos también que sanará.
- Dios nos ha puesto en esta situación y nos seguirá poniendo en éste tipo de situaciones… Por todo eso y también para experimentar éste tipo de milagros.

De alguna manera debemos lograr dar gracias a Dios, por qué en todo hay que reconocer que Dios es supremo, por encima de nuestras emociones y por encima de nuestros apegos terrenales. En todo y por sobre todo, la gloria y el honor sean dadas a Dios, por siempre.

Por fe tenemos la certeza de que Dios ha bendecido a Pedro incomparablemente, en la medida justa y rebosante que a él le mereció por medio del Señor Jesucristo... quien pagó por su vida y hoy le ha dado lugar en su casa. Escuché decir antes, que Pedro aún después de su muerte sigue predicando el evangelio de Jesucristo.
Ese mensaje debe quedar muy claro en todos los que lo creen, y también debe hacer eco en quienes aun no lo entiendan, ya que de ello depende el futuro de muchos (as).
- La misma generosidad, el mismo milagro, la misa esperanza de fe… y todo lo que por fe le corresponde a Pedro… igual… será y es, para quienes también como él han creído en las promesas que Dios hizo y anunció en Jesucristo. Larga vida para quienes guardan con celo esta fe…
- Dios tiene gracia eterna para quienes sin ver físicamente a Jesucristo le vieron reflejado en su evangelio o lo vieron reflejado en personas que predican lo que Pedro predicó en el púlpito y en testimonio…
- La misma fortuna y milagro de vida eterna, para quienes ponen el nombre de Dios en alto, (nombre que es sobre todo nombre.)
- Lo mismo que Pedro tiene ya, eso mismo será para quienes escuchan y aceptan estas verdades.

Esa es la predicación básica de Pedro, ese es el mensaje de salvación que Jesucristo nos ha pedido que escuchemos, aceptemos, declaremos y prediquemos.
Sin dejar de predicarlo nunca, que aún después de haber partido de ésta vida terrenal, el testimonio que dejemos continúe predicando el evangelio, el plan de salvación y buenas nuevas de vida en Cristo Jesús.

Dice la portada de una Biblia: “Dios Habla Hoy” Y así es… y nos damos cuenta que Dios habla incluso en las tragedias, es más, Dios no sólo habla en las tragedias… sino que nos ¡¡¡¡Grita!!!!
Nos habla con todo el amor divino que Él tiene, y nos consuela con su palabra, con las enseñanzas del evangelio, con las proféticas promesas, con los elocuentes salmos.

Si tú tienes algún penar por alguna perdida, y deseas consuelo…
Te recomiendo que leas y escuches la voz de Dios en su palabra, Él te estará hablando…
Si eres de los que lee, pero no entiende muy bien la Biblia… no dejes de asistir a la iglesia, no te pierdas los estudios bíblicos, escucha el consejo del hermano que te quiere, escudriña las verdades escritas en la Biblia, inúndate de una fuente de sabiduría que es su palabra divina, en todo eso encontrarás el poder y la fuerza que sostienen al hombre o a la mujer más llenos del Espíritu Santo.

Toda persona que este llena y en la presencia de Dios, es fuerte por naturaleza, como es fuerte quien nos ah hecho sus hijos. Con un espíritu valiente, dispuesto y con dominio propio, fuertes por gracia y poder que los dones que Dios nos ha regalado… saquemos provecho (en el mejor de los sentidos)

Nuestra carne es débil, y tendemos a llorar por lo que “perdimos” según cada quien lo considere así, pero también apresúrate y recupérate, porque la debilidad en la carne puede ocultar lo que si hemos ganado o lo que Pedro ha ganado. Ubiquémonos bien en este panorama de sensaciones e ideas.

Pedro es uno de esos hombres cuyo gran valor de amar fue uno de sus regalos espirituales más visibles. Él sólo hizo lo que Dios le ordenó, y con ello logró ser recordado como todo un caballero, varón de amor y fiel Seguidor de Cristo.
Que bonito es que te recuerden con el brillo de Jesucristo, que bonito es que te recuerden habiendo explotado los dones del Espíritu Santo.
Más bonito que unas palabras escritas en una tumba.
Amémonos pues los unos a los otros no sólo de palabra sino de hechos.

(Escrito: C.zar © SdeC Comunidad Cristiana Interdenominacional, Imagen cortesía de ©Corbis)

*Predicación 15/06/'08 "Profetas de Dios"

En el principio creo Dios los cielos y la tierra, y todo era perfecto hasta la desobediencia del hombre y la humanidad se fue por otros caminos que estaban fuera del plan divino y los apartó de Dios. Pero el Señor no quería eso para la humanidad y estableció una manera de estar en concilio.

La palabra profeta significa: “El que habla en nombre de otro”. En este caso un ser superior a otros seres inferiores, hablando divinamente. Y esa era su labor, sólo transmitir el mensaje que les fue dado tal y como lo recibieron. Posteriormente, debido a la naturaleza humana, (el pueblo de Israel los llamaba “videntes”), se le atribuyeron “poderes” de adivinación, o de predecir el futuro. Aunque algunos de ellos tenían el don, otorgado por Dios, para sanar a las personas y hacer milagros. Y éste se hizó más evidente cuando el Señor de acuerdo a su plan, decidió no hablar con el pueblo de Israel por casi 400 años, pero Dios, con su infinita misericordia, bondad y amor, y confiando en que recapacitarán, les dejó mensajes por medio de los Profetas.

¿Quiénes eran los profetas de Dios? Estos eran hombres fieles a Dios, escogidos y ungidos por el Espíritu Santo para ser portavoces de Dios. Recordemos que anteriormente, la humanidad no era digna de estar ante la presencia de Dios, por lo que el Señor, mantenía contacto con su pueblo por medio de ellos. Ellos eran escogidos por Dios mismo, por su amor a Él, su lealtad y por que amaban al pueblo de Israel. El Señor hablaba por medio de ellos para comunicar el plan divino para el pueblo; o cuando el pueblo se descarriaba siguiendo otros dioses. Esas eran las razones principales por las que Dios hablaba al pueblo de Israel.

Hoy en día tenemos la gracia de vivir bajo el Espíritu Santo, el cual es el que nos mantiene en comunión con Dios, es a través de Él que tenemos comunicación directa con Dios, Gracias a nuestro Señor Jesucristo.

Juan 16: 7 –15 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Este es el cumplimiento de la profecía de Joel 2:28 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y no se refiere a que vayamos por el mundo dando muestras de que conocemos el futuro para la iglesia.

Ahora bien, por medio de la fe en Jesucristo, hemos recibido el Espíritu Santo, lo cual, según la profecía, te convierte en un profeta del Dios vivo. Y te da profecía por medio de su palabra. Y te encomienda a profetizar, por amor y obediencia a Dios y por amor a tu prójimo. Porque para eso fuiste llamado, 1 Pedro 2:9-10 Más vosotros sóis linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no érais pueblo, pero que ahora sóis pueblo de Dios; que en otro tiempo no hábiais alcanzado misericordia, pero ahora hábeis alcanzado misericordia.

Esa es tu labor como profeta de Dios, tan sencillo como decirle a la gente: Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna, 1 Timoteo 1:15-16.

Y la profecía que mantiene viva nuestra fe. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿Porqué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le hábeis visto ir al cielo. Hechos 1:10-11.

He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. Apocalipsis 1:7.

¿Qué hacer cuando viene un profeta de Dios a darnos profecía? Hermano no te alegres, porque recuerda las razones por las que Dios no habla de manera personal. Al contrario, Primero preocúpate porque quiere decir que no andas bien con el Señor y después ocúpate, ponte a cuentas con Dios, y escucha su voz, él siempre está dispuesto a reconciliarse con nosotros.

¿Qué hacen o que deberían hacer los profetas hoy en día, en nuestra iglesia? Los sanos no tienen necesidad de médico, sino de enfermos. De que nos sirve que nos profeticemos entre nosotros, nuestra labor está allá afuera. Así que toma tu compromiso con Dios, y decídete a llevar a cabo tu labor como profeta, y si no te gusta el término, hay buenas noticias, has sido ascendido. 1 Corintios 5:17-21.

(Escrito: Misael. © SdeC Comunidad Cristiana Interdenominacional, Imagen cortesía de ©Corbis)

26 junio 2008

*Predicación 8/06/'08 “¡Como a ti mismo!”

Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una. Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. Mateo 22:34-40 De esto depende toda la ley

¿Sabes qué es amarte a ti mismo?

En repetidas ocasiones hemos escuchado “- esa persona tiene la moral muy baja” o “-no tiene autoestima”. Y esto me ha hecho preguntarme si en verdad sabemos amarnos, porqué es muy importante que descubramos si sabemos amarnos. Si no sabemos amarnos, entendemos que por consecuencia no tenemos amor, y a lo mejor ahí empiezan nuestros conflictos con los demás y es muy sencillo de entender esto.

Hace algunos años aprendí en un taller que nadie puede dar algo que no tiene, y si no tengo amor, pues no puedo dar amor. Pero hoy nos enfocaremos en nosotros mismos, así que empecemos por el principio… Pregunta y responde - ¿Me amo? Sabes que hay gente que no se ama, sabes que hay gente que esta tan deprimida que no aprecia su vida o se siente derrotado aún antes de la batalla, o que tiene depresiones constantes que sólo encuentra solaz en ver su propia derrota. Entonces aprendemos algo, aprendemos que tenemos un valor. ¿Cuál es nuestro valor? Lo pondré de esta forma
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna Juan 3:16 Si pudiéramos vernos a través de los ojos de Dios, ¿Qué veríamos? Veríamos a alguien de tanto valor que es necesario entregar su vida por él. Ya sé que esto suena a slogan publicitario, que suena a: “- eso ya lo he oído muchas veces…” pero es una realidad. Lo que hagamos con esa realidad es lo importante, si voy a creer en Jesús como mi salvador, pues, lo primero que voy a creer es que Él murió por “mí…” Si mi fe no esta basada en eso, mi fe esta muy desfasada. No puedo tener fe en rituales o procedimientos religiosos porque estos no me salvan y por consiguiente no me demuestran amor, me explican como sería la vida en Cristo, más no a vivir la vida en Dios.

La Biblia nos dice que: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 2 Corintios 5:17-19 cuando aceptamos a Jesús como nuestro salvador y nos vemos en un espejo, seguimos siendo los mismos delante de nuestros ojos, pero no así delante de Dios o ante sus ojos. Ahora somos vistos diferentes, ahora somos vistos como revestidos por la sangre que Jesús derramó en la cruz. Tal vez sigamos teniendo el mismo lunar en la frente o la misma cicatriz, pero algo esta pasando que, delante de Dios, somos como nuevos. El amor que Dios nos tiene nos ha transformado, al menos delante de sus ojos.

¿Has tenido alguna ocasión en la que alguien te quiere mucho? Qué en realidad no entiendes el porqué. Es un amor que, simplemente lo tomas… Así es el amor de Dios. Simplemente “es”. Sería bueno preguntarme ¿Por qué es que Dios me ama? Pues es porque el nos ha hecho, nos ha formado, nos conoce desde el principio… A Él le hemos costado.

Ahora bien, si estamos en Cristo y, si hay cambios delante de Dios, el cambio principal se encuentra en mí, no sólo en la perspectiva de Dios. ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es. 1 Corintios 3:16-17

El templo de Dios. Saber que ahora somos nuevas criaturas es saber que ahora Dios habita en nosotros, es cuidar lo que sucede y no me refiero a glorificar el cuerpo y convertirlo en nuestro Dios, sino más bien como dice en 1 Corintios 6:19-20 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

Ya que en ocasiones hay gente que hace una tregua mientras tanto, o sea llegan a Dios y hacen una tregua entre sus vidas pasadas y las nuevas, pero Dios no quiere que hagamos una tregua porque eso significaría que en el futuro existiría una reconciliación, y créeme, esta nunca sucederá, “las cosas viejas pasaron”.
El pasado ya no existe, lo borramos, ahora hay que empezar a vivir de nuevo, además si lo pasado no nos servía, para que quiero regresar a eso. En el pasado no era yo templo de Dios, o sea Dios no habitaba en mí, ahora sí, esto es hablando de la parte física, y ¿Qué hay de la parte intelectual? Efesios 4:22-24
En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Renovando nuestras mentes. Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Romanos 12:1-3 nos da una enseñanza aún más profunda ya que en ocasiones creemos que amarnos a nosotros mismos tiene que ver con narcisismo y vanidad, pero este pasaje nos ayuda a ver que no es así. También les platico que cuando era joven mi pastor me “enseño” que eso de ir al gimnasio no era bueno. Basado en la escritura de 1 Timoteo 4:8. Pero si vemos su contexto, nunca dice que sea malo., sino que no nos olvidemos de la piedad o el amor, ni de hacer nuestro trabajo para Dios. No quedarnos en un amor narciso o vanidoso que se olvida de los demás por estar tan preocupado por mí mismo.

No estoy hablando de un amor egoísta que sólo busca lo mejor para si, eso no es el amor que necesitamos tener, el amor que necesitamos tener y sentir es el amor que Dios nos da, es por eso que es importante que aprendamos bien como Dios nos amo, para poder entender el amor que hay en mí, que es para mí.

En la renovación de nuestra mente hay dos cosas importantes: Dios escudriña nuestra mente Jeremías 17:10. Y el renueva también nuestra mente Jeremías 31:33.
Al ir viviendo más y más con Cristo, él va renovando también, el trabajo no es solo mío, cuando Dios ve que estamos dispuestos a ser Cristianos Él va poniendo en nosotros lo que quiere que veamos, Dios no nos está programando, nos va informando que es lo mejor para nosotros, espero podamos entender bien ésta parte bíblica, pues habla de la mente y corazón (
Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras./ Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.) Entendimiento y sentimientos al mismo tiempo. Hay gente que dice: - yo no sé que hacer, o - yo no siento nada… pero, aquí Jeremías nos dice que Dios está tratando de que entendamos y de que sintamos, y que Él está trabajando en eso. Dios nos ama tanto que sigue con nosotros aún después de que le aceptamos, con Dios no es que le aceptas y bueno arréglatelas, no peques, no blasfemes y a ver como le haces. ¡No! Él te cuida y cuida de tu mente y de tu corazón, y aquí es cuando debemos entender que tipo de amor hay en nosotros, entender el amor que debe haber en nosotros para “nosotros”.

Aprender a amarnos como Dios nos ama no es sencillo, es ver lo que hay dentro de nosotros, aceptarlo y reconciliarlo, ver lo bueno que hay y lo malo también, tomar lo bueno y desechar lo malo.

Parte de amarnos es el perdonarnos. Conozco mucha gente que no se ha perdonado por muchas cosas que haya hecho en el pasado, y que arrastra eso todavía aún siendo una nueva criatura. La falta de perdón nos impide ver el amor con el que Dios nos ama. Puesto que Dios nos ha perdonado por todos nuestros pecados, pero nosotros mismos no nos hemos perdonado, entonces no hemos podido entender aún el amor de Dios. En serio, es tan sencillo como eso.

Entonces Jesús nos invita en este pasaje de Mateo 22, no sólo a que amemos a los demás sino que entendamos que tipo de amor estamos dando, ya que lo que está en nosotros es Él pues somos su templo. Que compartamos al Jesús que vive en nosotros y que entendamos que el amor de Dios es para nosotros, es para mí. Entender que soy amado y si yo soy amado tengo amor para amarme, y es así que podré amar a los demás como a mí mismo.

(Escrito: Juan. Adaptado y corregido para este BLOG: C.zar / © SdeC Comunidad Cristiana Interdenominacional, Imagen cortesía de ©Corbis)

05 junio 2008

*Predicación 25/05/'08 “El amor para los demás”

Leemos en: Santiago 2:15-16 Supongamos que un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse y carecen del alimento diario, y uno de ustedes les dice: «Que les vaya bien; abríguense y coman hasta saciarse», pero no les da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso?

El amor de Dios es incondicional, por lo cual debemos recordar que si estamos aquí es porque Dios nos ha amado, esa libertad que tenemos es por los clavos que ataron a Jesús a la cruz, ese amor es un don que necesita dar fruto... ¿Cómo voy a demostrar fruto con acciones? Por ejemplo, si yo veo a alguien que está necesitado y le digo: - “yo te amo mucho,” eso no le va a servir de nada, porque no podemos vivir en un mundo de fantasía donde el sólo amar a alguien sea suficiente.

Si el amor de Dios está en nosotros, una buena forma de demostrarlo es en las cosas que hacemos por lo demás, pero hagamos todo esto con el objetivo de demostrárselo a Jesús y no para demostrar que somos muy buenos. Cuando alcanzamos a los demás los alcanzamos para Dios y no para la iglesia, por ello debemos reflejar a Dios en todo lo que hacemos.

(Ve el relato en la Biblia sobre Jonás en: Jonás 1:1-15)

Hay gente que dice que la distancia entre las personas es un océano, y que por lo tanto debemos estar preparados, porque es realmente un océano con tormentas, el cual tendremos que enfrentar. Luchando contra vientos fuertes que nos querrán intimidar o desanimar alejándonos entre sí, en donde probablemente caigamos náufragos. La pregunta debe ser: ¿Quién provoca esa tormenta? Porque es un largo océano que debemos cruzar y que debemos de acortar distancias. Parte del amor es cruzar ese océano que está entre tú y alguien más, significándote el vencer esas olas y esa tempestad, pero en amor, con el amor de Dios. A veces se nos olvida que vamos en su nombre, y nos creemos expertos marineros, mas como ya se ha dicho antes en muchas ocasiones: no es por nuestras fuerzas ni por nuestras habilidades. Lo que Dios ha hecho por nosotros nos da una experiencia realmente válida.

Saber que debemos actuar con amor.

Una de las claves para aprender a amar es saber escuchar… veamos el siguiente ejemplo:
Yo voy con alguien y le digo: - A mi me gusta mucho el circo.
Y me contesta: - ¡Hay que te pasa!, ¡El circo es para niños!”
Así, con esa actitud… ¿Crees que te quedarán ganas de volverle a platicar algo a esa persona? Pero es porque no sabemos escuchar, ya que cuando alguien nos dice algo, nosotros ya estamos preparando una respuesta o nuestro punto de vista, “porque nuestro punto de vista es muy importante, porque con mi punto de vista puedo corregir lo que la otra persona piensa y siente, le estoy haciendo un bien.” Y el problema es que no estamos escuchando.

Ahora veamos la diferencia al contestar de otra manera:
–¿Sabes que…? a mi me gusta el circo.
– ¡Ah…! ¿De veras? y ¿Qué es lo que te gusta del circo?
- Pues los payasos, los animales, etc
.
La diferencia es que la persona ya empieza a decir sus sentimientos, se empieza a abrir y empezamos a amar a esa persona porque le permitimos por medio de escucharle acercarse a nosotros, empezamos a acercar océanos que existen entre nosotros. Otro ejemplo:

– ¿Sabes que…? esa persona me hizo daño.
– ¡Hay…¡ ¿Cómo te va a hacer daño? Ya supéralo...

¿Crees que le dan ganas de platicarte algo de nuevo? En cambio:
- ¿Sabes que? esa persona me hizo daño.
- ¿Ah si? Y ¿Cómo fué?
Y esa persona empieza a abrirse, a confiar en ti.
Debemos ser sabios y ser imparciales, no envolvernos en los sentimientos de los demás, considerar que la sabiduría también está en saber escuchar. Debemos respetar los sentimientos de alguien más, considerando sus sentimientos le perteneces, darles el valor que merecen sin quitárselos.

No porque esa persona sea alguien a quien “yo” considero infantil o inmadura, voy a pensar que sus sentimientos no valen, al contrario… son tan válidos como aquellas personas a quienes admiro y amo. El valor de las personas radica en eso… en que son personas.
Esto no es una filosofía, entendamos eso, es un mandamiento de Dios, primero mencionado por Jesús. (Marcos 12: 28-34), (Efesios 4:1-6)


Existen ocasiones en que decimos:
- “…ya estoy muy cansado, ya no soporto ya no puedo más. Y decimos:
- Esta persona me esta haciendo daño y me esta hiriendo… necesita reaccionar y ver lo que me esta haciendo.”

Pero, antes de que yo busque el perdón de una persona, necesito buscar el amor de esa persona, para entender que esa persona necesita amor, y eso es lo primero que debo encontrar.

Ejemplo: La flor de loto nace entre el lodo, y entre más espeso y profundo es el lodo, más hermosa y saludable es la flor.


(Escrito: Juan. Adaptado para el BLOG: C.zar / © SdeC Comunidad Cristiana Interdenominacional, Imagen cortesía de ©Corbis)

*Predicación 18/05/'08 “Invitados en la casa del Señor”

Leemos en Mateo 22 …Jesús volvió a hablarles en parábolas, y les dijo: El reino de los cielos es como un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus siervos que llamaran a los invitados, pero éstos se negaron a asistir al banquete. Luego mandó a otros siervos y les ordenó: "Digan a los invitados que ya he preparado mi comida: Ya han matado mis bueyes y mis reses cebadas, y todo está listo. Vengan al banquete de bodas."Pero ellos no hicieron caso y se fueron: uno a su campo, otro a su negocio. Los demás agarraron a los siervos, los maltrataron y los mataron. El rey se enfureció. Mandó su ejército a destruir a los asesinos y a incendiar su ciudad. Luego dijo a sus siervos: "El banquete de bodas está preparado, pero los que invité no merecían venir. Vayan al cruce de los caminos e inviten al banquete a todos los que encuentren." Así que los siervos salieron a los caminos y reunieron a todos los que pudieron encontrar, buenos y malos, y se llenó de invitados el salón de bodas…

En ocasiones las personas con una posición alta en sus trabajos olvidan que también son empleados y empiezan a creer que son los dueños, dando órdenes y haciendo las cosas como creyendo que saldrán mejor, o como creyendo que funcionaran. Si traemos esa misma actitud a la iglesia, olvidamos que ésta es la casa de Dios y no consideramos que somos meros invitados y que tenemos que seguir las instrucciones de ésta persona.

¿Cuántos de ustedes tienen gente a su cargo?

El Señor a preparado una mesa para nosotros y en ocasiones abusamos de esa invitación. Se nos olvida la posición en la que llegamos a la iglesia, con muchas heridas, con muchas necesidades… más Jesús sanó nuestras heridas y suplió todas nuestras necesidades, pero luego empezamos a dar por hecho las cosas sin considerar el estado en que llegamos una vez. Nos creemos en una posición como si éste lugar (la iglesia) fuera “mía” más que el lugar al que simplemente pertenezco, un lugar en el que puedo hacer y deshacer a mi antojo, un lugar más en el que puedo controlar, olvidando que somos solo invitados.

Ahora bien, no estoy hablando del edificio en donde nos congregamos como iglesia, estoy hablando de la iglesia que es éste templo que es del Espíritu Santo. Queremos ejercer algún tipo de control sobre los demás y que si los demás no se acoplan a mi forma de pensar; están mal. Empezamos a ver a la iglesia como un lugar donde se nos va a dar un servicio constante, en lugar de verlo como un lugar donde somos nosotros quienes hemos venido a servir, no a ser servidos. Jesús mismo nos mostró un ejemplo de eso.

La iglesia no está para suplir nuestras necesidades emocionales, psicológicas o de pareja, la iglesia no es para eso, sino que mas bien es el lugar en el que venimos a platicar con el Señor, a ministrar para Dios, o sea, a servir a Dios, para aprender donde buscar las respuestas.
Dejamos en manos de Dios lo que El hace a través de nuestras vidas después de servirle, Él sabe lo que hace, nuestra posición es servir, alabar y adorar a Dios, ese es el propósito de congregarnos. Pero si yo estoy buscando suplir alguna necesidad al venir a la iglesia, estoy mal enfocado.

Nuestra actitud en la iglesia deben ser la del servicio y de agradecimiento constante, porque Dios se ha olvidado de todos nuestros pecados y de nuestras faltas, las arrojó al fondo del mar, y debemos reconocer que Él las perdonó, de eso se trata el arrepentimiento. No estoy hablando de vivir en culpa, sino de reconocer que no fué por nuestras fuerzas, sino que ha sido por la voluntad y gracia de Dios. Reconocer que ahora ya no será tomado en cuenta nuestro pasado, es una actitud de agradecimiento; no confundamos esa actitud con la de vivir en culpa, sino a vivir en agradecimiento. Reconocer que nosotros no éramos dignos de estar sentados a la mesa del Señor, más sin embargo Él nos trajo, Él nos invitó, siendo que la fiesta no era para nosotros y nos dió ropas nuevas… estamos ahora revestidos de novedad.

Cuando veamos dentro de nosotros mismos debemos ver que ya no somos iguales y que debemos vivir en gratitud por lo que Dios ha hecho en nosotros... entonces lo que Dios ha hecho, por medio de su gracia, es lo que nos va a hacer reaccionar.

Si queremos vivir una vida de agradecimiento, si queremos vivir una vida de servicio, reconozcamos que no éramos dignos, sin embargo aquí estamos, veamos lo que Dios ha hecho dentro de nosotros, lo que Dios ha estado y continúa cambiando. El día que aceptamos a Jesús, cuando el perdonó todo lo que habíamos hecho, no se acabó ahí todo, eso fué sólo el comienzo, porque de ahí en adelante Él sigue bendiciendo y actuando. Si Dios sigue trabajando y bendiciendo… ¿Por qué a nosotros habría de olvidársenos el agradecimiento o el servicio? ¿Si Dios continúa obrando en mi vida, porque se me olvida seguir agradeciendo? Al limpiar Él mis pecados, no termina su obra en mí, es sólo el comienzo, Él me sigue limpiando e invitando a su mesa, sigue proveyendo esos grandes banquetes.

¿Ustedes han visto alguna vez a un invitado pesado en una fiesta…? Ese que al llegar, come todo y crítica todo y que aunque no le gusta lo que los demás hacen… aun así no se quiere ir, y que luego a la persona que organiza la fiesta ya no le dan ganas de volverla a invitar. No nos convirtamos en eso, hagamos la diferencia. Si hemos sido recibidos y ahora dignificados por la sangre de Dios, no demos por hecho todo lo que Dios está haciendo, al fin y al cabo Él es Dios y Él lo va hacer por mí.

Ciertamente Dios es nuestro escudo, es nuestro proveedor, pero Dios no trabaja para nosotros, nosotros trabajamos para Dios, entonces no queramos convertir la casa de Dios en nuestra empresa, no queramos quitarle el puesto al jefe, al contrario, vamos a servir al jefe con alegría. ¿No te da alegría saber que tú no eres el jefe? En mi casi, si yo fuera el jefe, la compañía ya hubiera quebrado. Durante el transcurso de mi vida, he asistido a la iglesia, mas llegó un momento en el que tomé por hecho el ir a la iglesia, asistir a la casa de Dios se convirtió en una costumbre, en algo que había que hacer, y perdió todo el sentido. A pesar de que trabaja mucho en la iglesia, me convertí en un activista en vez de ser un cristiano. – “Qué si había que hacer esto o aquello en la iglesia… bueno, pues me apuntaba… - al fin y al cabo, ahí estaba.”
– “Qué si había que aprender tal o cual cosa, bueno, pues la aprendía.”
Porque mi vida se había desarrollado en un círculo, en un grupo de amigos, en una familia, cuando en realidad había perdido el enfoque de lo que era ser un cristiano y empecé a convertirme en parte de un grupo.
Que no nos pase igual, no me gustaría que nosotros perdiéramos el objetivo, el ir a la iglesia “porque es el lugar donde hay que ir los domingos,” “porque es el lugar en el que trabajo los domingos para el Señor…” No lo hagamos por costumbre sino hagámoslo por amor, no por hábito sino por convicción, hay que asistir y trabajar por amor o agradecimiento. Debemos recordar que si estamos en una iglesia es por la gracia de Dios, porque estamos agradecidos con Él y porque nos sacó de donde andábamos.

Cuando asisto a una iglesia, una como la nuestra, me gusta decir que asisto a una iglesia en si, y no decir: “el grupo al que voy…” como que al decirlo de esa manera, de cierta forma no lo vemos como tal.
Y repito, ver nuestras vidas, ve la persona que eras meses atrás, cuando eso pasa nos damos cuenta que ya no somos las personas rehechas o tristes que éramos antes, ahora vivimos en alegría, ahora vivimos en paz con nosotros mismos. Debemos recordar quien fué el que trajo eso a nuestras vidas. ¿Cómo es que eso existe en nuestras vidas...? fué Jesús.
Él es quien logra eso en nuestras vidas y sin embargo a veces se nos olvida, simplemente lo olvidamos. “Ahí está… y ahora… a hacer las cosas a nuestra manera, que al fin y al cabo ya estoy completo.”

Hay tantas cosas que podemos hacer por la iglesia, pero no debemos ser activistas, sino debemos ser cristianos… nuestro trabajo no termina al realizar ciertas labores en o para la congregación, o al impartir un estudio bíblico, o al tocar un instrumento musical durante el servicio… mas bien trabajamos por un jefe que nos bendice las 24 horas del día durante los 7 días que dura la semana y así todo el tiempo que hasta hoy hemos vivido.
Cuando nuestro trabajo logra hacer resaltar a Dios, entonces estamos trabajando para el jefe, cuando no esperamos recompensa por lo que hacemos es que estamos trabajando para el jefe, cuando damos amor a pago de odio, estamos trabajando para el jefe.
Ni aún realizando mil trabajos podríamos pagar jamás lo que Él hizo por nosotros, pero Él no quiere nuestra culpa, lo que Él quiere es nuestro agradecimiento.

Cada vez que lleguemos a la mesa, veras que estará puesta, y esa mesa frente a nosotros, es de santidad, de redención, de promesas cumplidas y de amor. En el mundo que vivimos es necesario que lleguemos a esa mesa continuamente, así pues, dejemos esa actitud “de que somos merecedores o tan dignos” y seamos solamente invitados a la casa de Dios.

...Vengan, postrémonos reverentes, doblemos la rodilla ante el Señor nuestro Hacedor. (Salmo 95:6)

(Escrito: Juan, adaptado para el BLOG: c.zar / © SdeC Comunidad Cristiana Interdenominacional, Imagen cortesía de ©Corbis)